175 AÑOS DE INGENIERÍA INDUSTRIAL EN ESPAÑA

En 2025 se cumplen 175 años de los estudios de Ingeniería Industrial en España, establecidos en 1850 según un esquema que en esencia se mantiene aún al día de hoy. Con la excusa de la efeméride, en este post se reflexiona sobre las características generales y método de la Ingeniería y sobre las peculiaridades del modelo de Ingeniero Industrial “a la española”.

En los términos Ingeniería/Ingeniero se reconoce una doble acepción, por un lado, francesa/latina (ingenium, ingenio) y, por otro, inglesa/anglosajona (engin, engine, motor, máquina). En el caso concreto del Ingeniero Industrial, se está ante un perfil STEM generalista que asegura la visión holística necesaria para la integración en sistemas complejos de tecnologías de diferente naturaleza. Piénsese en un automóvil o en una fábrica moderna o, si se prefiere un ejemplo más paradigmático y clásico, en la máquina de vapor.

Desde el establecimiento en España de los estudios allá por 1850 (véase https://ingenierosindustrialesdelestado.es/2019/01/29/las-ensenanzas-industriales-en-espana-y-el-cuerpo-de-ingenieros-industriales-del-estado/), la formación superior en Ingeniería Industrial ha preservado en todo momento una orientación científico-matematicista de inspiración francesa (modelo de ingeniería basada en la ciencia), frente a la heurístico-empirista/practitioner inglesa (modelo de ingeniería basada en la práctica) de las enseñanzas industriales básica e intermedia, que profesionalmente termina por traducirse en una distinción entre trabajadores de cuellos “blanco” y “azul”. En el mundo anglosajón, de hecho, se sigue llamando ingeniero hasta al del servicio técnico que viene a casa a arreglar la nevera.

Si la Ingeniería Industrial fue en su protohistoria más un arte que una ciencia -visualícese a Leonardo Da Vinci-, la importancia de la formación científica se puso de manifiesto con tecnologías como la química o la eléctrica que, a diferencia de la mecánica, responden a unos fundamentos no visibles –enlaces entre átomos o propagación de campos electromagnéticos- que requieren para su mejor aplicabilidad de algo más que el simple expertise del empírico. Es por ello que en el núcleo de la ingeniería moderna está una estrecha relación entre experimentación, ciencia y técnica, aunque esta no siempre se ha manifestado de forma lineal.

Así por ejemplo, y en el caso de la máquina de vapor, la empiria artesana de su técnica fue previa a la doctrina científica, desarrollada posteriormente toda vez se comprendiera que la cuestión de la eficiencia –ineludible en una moral victoriana para la cual los valores de frugalidad y ahorro eran esenciales- solo podía acometerse desde un sólido conocimiento teórico de los fenómenos físicos subyacentes por medio de las leyes de la Termodinámica -ciencia del ¿por qué mientras charlamos tu café se enfría y mi refresco se calienta?-.

Algo similar ocurriría en el ámbito de las máquinas eléctricas, con la peculiaridad de que fue una experimentación casi lúdica sobre fenómenos eléctricos la que precedió a los posteriores avances técnicos -primero- y doctrinales -después-, que han venido a su vez realimentándose en un constante ciclo de desarrollo tecnológico mejorado. Sin embargo este, en otra aplicación de la electricidad como son las comunicaciones, obedeció al comienzo a un esquema casi de libro en el que fue el conocimiento teórico -Ecuaciones de Maxwell- la base sobre la que se ingeniara la “telegrafía sin hilos” -denominación original de la radio-. Como una última muestra a colacionar, la de la estrecha colaboración entre ciencia e industria que, en el marco de laboratorios industriales establecidos ad-hoc en las grandes universidades de investigación (Research Universities) de inspiración prusiana, propiciara el desarrollo de procesos físico-químicos a gran escala que caracteriza la industria química que hoy en día conocemos.

La Ingeniería es por tanto una ciencia aplicada que, como tal, se apoya en el método científico y, por ende, en los dominios tanto experimental como teórico, lo que por su parte requiere de técnicas de medición adecuadas. Pero, a diferencia de la Ciencia, tiene como característica principal un utilitarismo que exige, además de imaginación y creatividad, de pragmatismo. Este se materializa en un recurso intensivo al modelado y la simulación -computacional y prototipado físico-, pero también a las reglas prácticas heurísticas y formales (golden rules) acopiadas en prontuarios que incluyen ábacos/nomogramas, fórmulas empíricas, normalización y otros muchos elementos que configuran un estado del arte ingenieril en permanente evolución.

Por modelado se entiende una simplificación de la realidad, expresada habitualmente en lenguaje matemático, e idealizada mediante abstracciones como la concentración de parámetros (lumped matter abstraction) o las aproximaciones lineales propias del Cálculo Infinitesimal. Estas abstracciones, que permiten concentrarse en aspectos particulares dejando en segundo plano los detalles de implementación, recorren todo el itinerario que lleva desde las leyes de la naturaleza hasta las soluciones ingenieriles superponiéndose en diferentes capas, de forma que los sistemas complejos se construyen modularmente combinando componentes simples. Dos principios son pues claves en la forma de proceder del Ingeniero: el de simplicidad (o kiss en su acrónimo de “keep it simple, stupid”) que propicia la propia abstracción, y el de una disciplina (lumped matter discipline) consistente en no desviarse, a la hora de la implementación, de las hipótesis que hacen posible aquella. El uso intensivo de modelos tiene como ventaja adicional su reutilización por analogía y la gestión de la incertidumbre y la fiabilidad y, como contrapartida, su necesidad de contraste y calibrado.

La formación del Ingeniero Industrial en España, fiel a un modelo continental-europeo de inspiración napoleónica, se divide en tres fases secuenciales bien diferenciadas y respectivamente dedicadas a conocimientos científicos, técnicos y tecnológicos, que en una analogía podemos asimilar a cimientos, estructura y tejado de un edificio. En la parte de los cimientos se incluye el aprendizaje de los lenguajes fundamentales del Ingeniero, a la sazón matemáticas, dibujo y programación, en un mix cuya composición lógicamente ha variado en el tiempo. Son los conocimientos técnicos y tecnológicos lo que precisamente constituyen una Ciencia de la Ingeniería formada por teorías sustantivas -la estructura- y operativas -el tejado-.

En su afán de generalidad, el Ingeniero Industrial español se forma básicamente en toda la panoplia de estructuras y tejados y profundamente en uno concreto de estos a través de su especialidad. Es por ello que el título de Ingeniero Industrial, con su menú “largo y estrecho” de asignaturas, viene habilitando profesionalmente para el ejercicio en todas las especialidades, a diferencia de los títulos especializados que lo hacen únicamente en su campo particular.

Así por ejemplo, todo Ingeniero Industrial se formará en electromagnetismo -cimientos-, teoría de circuitos -estructura- y máquinas eléctricas -tejado-, y además el especialista en electricidad lo hará en profundidad con asignaturas específicas sobre tecnologías eléctricas muy concretas (líneas eléctricas, instalaciones, mediciones eléctricas, electrónica de potencia…). Solo los mecánicos profundizarán en los detalles del diseño de máquinas, los procesos de fabricación o la teoría y tecnología de ferrocarriles y automóviles. Sólo los energéticos estudiarían mecánica cuántica y tecnologías y centrales nucleares. Y así con el resto de especialidades.

El modelo continental europeo descrito es diferente del enfoque seguido en los grandes institutos tecnológicos norteamericanos -MIT, Caltech, Stanford, etc …- que integra los conocimientos y expone al estudiante desde el primer momento a una filosofía de “mente y mano” (es precisamente “Mens et Manus” el lema del MIT) menos enciclopédica y más especializada.

Así por ejemplo, a un Ingeniero Mecánico (el más similar por su generalidad a nuestro Ingeniero Industrial, por otra parte muy cercano al Naval y al Aeronáutico) no se le apabulla con cursos completos de Teoría de Circuitos o de Electrónica, absolutamente troncales para un Ingeniero Eléctrico (al que por otro lado no se le forma en Termodinámica ni en Elasticidad y Resistencia de Materiales ni en Mecánica de Fluidos), sino que se le introduce a estas útiles disciplinas y a la validez de sus abstracciones en laboratorios de Mecatrónica en los que trastean y experimentan en base a proyectos prácticos (Hands-on Education) para, de esta forma, asimilar unos principios básicos que en todo caso siguen conociendo con el mayor de los rigores formales.

Son por tanto un trípode teoría-laboratorio-experiencia de diseño y una metodología pedagógica que itera teoría-práctica-teoría los pilares en los que se basa este enfoque alternativo, que suele además incorporar en los primeros cursos asignaturas motivacionales que anticipan la hoja de ruta de la carrera. Afortunadamente nuestro modelo está perdiendo parte de su pureza al venir contagiándose de pinceladas de este otro.

A lo largo el tiempo, y con la incorporación de nuevas especialidades en el plan de estudios de Ingeniería Industrial, se ha venido acompañando a las distintas revoluciones industriales: máquina de vapor, electrificación y fordismo, electrónica, robótica e internet, e inteligencia artificial e industria X.0. Así, sería a comienzos del siglo XX que a la Mecánica y la Química se añadiera la Electricidad como tercera de las especialidades clásicas para, luego más tarde y como spin-offs, dar lugar respectivamente a las intensificaciones en Construcción, Metalurgia -luego Materiales- y Automática y Electrónica. Obsérvese que detrás de las especialidades originarias se encuentran los desarrollos del motor de combustión interna alternativo -Mecánica- y la destilación fraccionada del petróleo -Química-, que propiciaron un boom del automóvil asociado al fordismo. Este, junto con el taylorismo y el desarrollo de la investigación operativa en la Segunda Guerra Mundial, configuraría después el núcleo de la especialidad de Organización –Industrial Engineering en el resto del mundo-, coetánea también de la Energética nacida con la cuestión del uso pacífico de la energía nuclear. La más moderna de las especialidades ofertadas es la de Matemática Industrial, una verdadera Ingeniería Matemática a diferencia de la que se cursa en Facultades de Ciencias.

Para terminar, y puesta ya la proa hacia el bicentenario, una cita del Premio Nobel de Física Piotr Kapitsa que resulta pintiparada para Ingeniería Industrial “a la española”: «Los especialistas que han recibido una educación suficientemente extensa son capaces, si no hay más remedio, de iniciarse en las nuevas esferas de la ciencia sin tener que seguir nuevos cursos. Por lo tanto, las universidades deberían resistirse a la tendencia hacia una especialización demasiado estrecha, que caracteriza efectivamente el desarrollo de la ciencia contemporánea».

Autor: Antonio Moreno-Torres Gálvez

Ingeniero Industrial del Estado (Promoción 2003)

Guillermo Velarde, el Oppenheimer español.

Guillermo Velarde en el centro de la imagen, con José María Otero Navascués a su derecha.

Guillermo Velarde fue general del Ejército del Aire, miembro del Cuerpo de Ingenieros Aeronáuticos del Ejército del Aire, piloto, científico y catedrático de Física Nuclear en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la Universidad Politécnica de Madrid desde 1973.

Nació en 1928. Tras trabaja en el mundo de la aeronáutica en el marco de su carrera militar, decidió realizar estudios universitarios en el ámbito de la energía nuclear. Fue a Estados Unidos a formarse en la Pennsylvania State University y en el Laboratorio Nacional Argonne en Chicago, trabajando también en Atomics International de California en la física del núcleo de un reactor. Volvió a España como uno de los mayores expertos en tecnología nuclear, por lo que en 1956 ingresó en la Sección de Física Teórica de la Junta de Energía Nuclear (JEN), donde permaneció hasta 1981 como director de Tecnología.

En 1963, el jefe del Alto Estado Mayor, capitán general Agustín Muñoz Grandes, preocupado por las presiones marroquíes en los territorios españoles en África, decide, como forma de disuasión, crear una bomba atómica española. Este proyecto secreto recibió el nombre del toro que mató a Manolete: Islero.

Velarde, que se encontraba en1963 en Estados Unidos, recibió la llamada del presidente de la JEN, José María Otero de Navascués, para que se reincorporara a la mayor brevedad a la JEN, en donde recibió el encargo de desarrollar la bomba atómica española. Lo haría trabajando con un comité reservado de la JEN,  siendo Otero y el mismo los únicos responsables de la toma de decisiones del proyecto.

Velarde redactó el estudio de viabilidad y el proyecto en un plazo de menos de tres años, para la construcción de 36 bombas atómicas de plutonio.

La tecnología de las bombas nucleares era un secreto bien guardado por los americanos. Pero el Proyecto Islero tuvo un golpe de suerte en 1966 cuando un bombardero estratégico B-52 y un avión nodriza KC-135, ambos estadounidenses, chocaron en el aire, en la vertical de la pequeña localidad de Palomares (Almería).

El B-52 transportaba cuatro bombas termonucleares Mark 28 de 1,5 megatones, de las cuales dos pudieron ser recuperadas. Guillermo Velarde fue comisionado para informar sobre el accidente, y tuvo ocasión de estudiar una de las bombas, descubriendo una espuma formada por poliestireno. A partir del conocimiento de dicha sustancia y tras varios meses de cálculos y simulaciones, el profesor pudo redescubrir el proceso Ulam-Teller, responsable del encendido del combustible nuclear, clave para la creación de la bomba termonuclear, utilizando como iniciador una bomba atómica.

Con el descubrimiento, ya era posible que España desarrollara tanto bombas atómicas como termonucleares (mil veces más potentes que las primeras).

Tras el accidente de Palomares, Velarde fue a entrevistarse con Franco. En dicha entrevista defendió vehementemente la necesidad de materializar el proyecto y construir las bombas, para las cuales se obtendría el plutonio del reactor de la central Vandellós I. La defensa fue tan vehemente que Franco le dijo: “Velarde, tiene usted que atemperar su carácter”.

Sin embargo, Franco temía la reacción de Estados Unidos a ese plan y congeló el proyecto, a pesar de la promoción activa realizada por altos dirigentes del régimen, en concreto Carrero Blanco y Muñoz Grandes, mientras que el Ministro de Industria, Gregorio López Bravo mostró su oposición. Con el paso del tiempo, los valedores del proyecto fueron desapareciendo de la escena política.

Con Franco todavía vivo, en 1974, el Presidente del Gobierno Arias Navarro y el General Manuel Gutiérrez Mellado ordenan a Velarde reactivar el proyecto. Pero, una vez más, las presiones norteamericanas hicieron que Adolfo Suárez, ya presidente, le pidiera a Velarde, con el Proyecto prácticamente terminado, que no continuara.

En 1987, se da carpetazo definitivo al proyecto, puesto que nuestro país firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear, que simbólicamente puso fin al proyecto.

Ya mucho antes Velarde había comprendido que su futuro profesional no iba a estar en las aplicaciones militares de la tecnología nuclear. Por ello, en 1973, obtuvo la Cátedra de Física Nuclear de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid.

A pesar de todos los contratiempos del proyecto Islero, gran parte de la tecnología desarrollada era aplicable para usos civiles de la energía nuclear. Por ello, en 1980, por encargo de los Generales Manuel Gutiérrez Mellado (Vicepresidente del Gobierno) e Ignacio Alfaro Arregui (Presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor), Velarde crea el Instituto de Fusión Nuclear de la Universidad Politécnica de Madrid, institución que dirigió hasta 2004.

Fue miembro del Comité de Coordinación de la Unión Europea para la energía de fusión inercial y presidente de dicho comité de 1998 a 2007. En 1985 actuó como padrino en la investidura como doctor honoris causa por la Universidad Politécnica de Madrid del físico soviético y premio Nobel de Física Nikolái Básov.

Velarde publicó más de 400 trabajos de investigación, codeándose con los más eminentes científicos nucleares del siglo XX. En 1997 se le concedió el premio Edward Teller International Award a la investigación sobre fusión por confinamiento inercial y en 1998 el Archie A. Harms Prize por el desarrollo de sistemas emergentes de energía nuclear. En 2011 las Fuerzas Armadas le concedieron el premio Marqués de Santa Cruz de Marcenado por una vida dedicada a la investigación científica y su aplicación militar. Desde 2006 era miembro de la Academia Europea de Ciencias y Artes. Falleció en Madrid en 2018, a los 89 años.

Vicente González Muñoz.

Cuerpo de Ingenieros Industriales del Estado (promoción 2002).

Fuente: GUILLERMO VELARDE PINACHO – Patrimonio ETSII (upm.es)

LA ORGANIZACIÓN DE LA ADMINISTRACIÓN INDUSTRIAL DE 1924

En 2024 se cumplen cien años del importante hito que para la configuración de una administración industrial en España supuso la creación de las Inspecciones Provinciales de Industria. Con esta decisión y otras que la acompañaran, y en lo que respecta al Cuerpo de Ingenieros Industriales, 1924 sería el año en el que por fin comenzaran a sentarse las bases de su estructuración, hibernada desde su creación en 1911, y posteriormente perfeccionada en sendos reglamentos orgánicos de 1928 y 1931.

La neutralidad española en la Primera Guerra Mundial propició el desarrollo de cierto tejido industrial que, pese a resentirse a su finalización -crisis de 1917 y gran gripe española de 1918- , supondría una demanda creciente de servicios industriales (ver tabla, en la que se ordenan cronológicamente según el año de establecimiento) que, sin unidad de mando, venían siendo prestados en el territorio por Ingenieros Industriales oficialmente designados para cada uno de los servicios y a cambio de unos honorarios tarificados.

SERVICIOS PÚBLICOS PRESTADOS POR LOS INGENIEROS INDUSTRIALES


Fieles Contrastes Marcadores de Metales Preciosos (1825)
Reconocimiento, marcado y tasación de piezas de platino, oro, plata y otros metales y aleaciones preciosas de uso comercial. Garantía (custodia de punzones oficiales de contraste y registro de punzones de fabricante o importador), ensayo, contrastación (análisis químico y [piedra] de toque), reconocimiento, marcado e inspección de objetos (aislados o en partidas). Decomiso de piezas falsas. Registro de actuaciones.
Comprobadores de Pesas y Medidas (1849) Fieles Almotacenes (1867) Fieles Contrastes (1871) [servicio de aferición de pesas y medidas]Inventario de aparatos de medida de la provincia. Itinerario de recorrido de contraste por la provincia. Custodia del material de contraste (estuche de comprobación y materiales de aferición -punzones y troqueles-). Comprobación y marcado (inicial o periódico) de pesas (en series y sueltas), medidas e instrumentos de pesar o medir Punzonado de aparatos de medida. Vigilancia del uso de pesas y medidas (visitas de inspección).
Verificadores de Contadores Gas (1860) Agua (1907) Líquidos [Combustibles] (1921)Estudio y aprobación de laboratorios particulares de comprobación; estudio de sistemas de contadores para su homologación de prototipo y especificación de su forma de comprobación y verificación; comprobación y verificación (“precintado” o “marcado”) de contadores en laboratorios oficiales o in situ (en laboratorios particulares autorizados o a domicilio). Requerimientos de impermeabilidad, sensibilidad y regularidad. Otros cometidos referidos a instalaciones y aparatos de consumo, servidumbres de paso, tarificación, control del fraude o regularidad en el suministro.
Verificadores de Contadores Electricidad (1901)
Ingenieros-Inspectores de Automóviles (1900)Inspección de vehículos (primer reconocimiento y sucesivos). Examen de conductores. Verificación de taxímetros (inicial y periódica): actuaciones similares a las de otros tipos de contadores.

Fuente: elaboración propia

Para corregir su dispersión, en 1924 –en pleno Directorio Militar de Primo de Rivera- se dictan una serie de disposiciones que avanzarían en su organización, homogeneización y profesionalización y que, relevantemente, involucrarían a los prestadores en tareas estadísticas y de inspección industrial.

LOS SERVICIOS CENTRALES: LA JEFATURA SUPERIOR DE INDUSTRIA

Aparte de estos servicios facilitadores, los servicios coercitivos de inspección industrial (seguridad de instalaciones, equipamientos –calderas y máquinas de vapor- y productos; sanidad industrial/ambiental -actividades molestas, insalubres, nocivas y peligrosas-; e higiene industrial -seguridad e higiene en el trabajo-) venían prestándose desde 1902 por un «Negociado de Industria» del por entonces Ministerio de Agricultura, Industria, Comercio e Industria -luego Fomento de 1905 a 1922-, creado para estos cometidos de policía y los propios de ordenación de actividades (reglamentación, homologación y régimen de actividades y medios de producción asociados). Todo ello conformaría una incipiente política industrial, para cuya mejor formulación se potenciarían los servicios de tipo estadístico, primero en 1915 con la creación en el Ministerio de Fomento de una Sección Especial de Estadística de la Producción Industrial y luego en 1919 con un Real Decreto sobre su obligatoriedad y verificación.

Restricciones a las importaciones aparte –arancel de Cambó de 1922-, elemento fundamental de esta protopolítica eminentemente proteccionista sería el auxilio a las nuevas industrias y el desarrollo de las existentes, establecido por una Ley de fomento de 1917, continuista con la anterior de 1907 de protección a la industria nacional, que configurase un sistema de discriminación positiva basado en la restricción de las compras públicas a los artículos de producción nacional con carácter general, y el control de la oferta mediante un sistema de acreditación conducente a la obtención de un «Certificado de Productor Nacional»-CPN que a los industriales que lo poseyeran otorgaba ventajas arancelarias, tributarias, mercantiles –financieras y concursales- y de otro tipo.

Organizativamente, y en cuanto a los servicios centrales del Ministerio, en 1917 ya se había estructurado una «Sección de Industria» en la Dirección General de Comercio, Industria y Trabajo del Ministerio de Fomento con los siguientes negociados: Fábricas y talleres; Industrias nuevas; Invenciones; Estadística industrial; Registro de la Propiedad Industrial y Mercantil; e Inspección industrial. Y luego en 1922, dentro ya de un nuevo Ministerio de Trabajo, Comercio e Industria escindido del de Fomento, una «Subdirección de Industria» del máximo rango organizativo que habría de ser dirigida por un Ingeniero Industrial con categoría de Jefe de Administración y organizada en tres secciones, al haberse separado como tal el Registro de la Propiedad Industrial –en el ámbito del cual los Ingenieros Industriales venían sirviendo desde 1877 en materia de asesoría técnica y verificación de explotación de patentes- y al haberse creado una nueva dedicada a Enseñanza e Investigación.

La sección principal de esta Subdirección de Industria se redenominaría por Orden de 7 de enero de 1924 como «Sección de Ingenieros» y pasaría a estar compuesta de tres negociados, cuyo mando se reservaría también a Ingenieros Industriales: Estadística industrial; Industrias nuevas e invenciones; e Inspección industrial -fábricas y talleres, verificación de contadores de electricidad, gas y agua e inspección de calderas-.  A modo de gabinete técnico, unidad de apoyo o Subdirección Adjunta, por Orden del 12 de febrero de 1924 se crearía la Secretaría Técnica de la Subdirección de Industria, que quedaría a cargo del Ingeniero Industrial de mayor categoría administrativa.

Por Real Decreto de 9 de junio de 1924 que organizara las dependencias y servicios del Ministerio de Trabajo, Comercio e Industria, y sobre la base de la anterior Subdirección de Industria, se estructuraría en el Ministerio una «Jefatura Superior de Industria» con las siguientes secciones: I) Inspección –de la enseñanza y los servicios industriales-; II) Enseñanza Industrial; III) Ingenieros (con los servicios de Estadística Industrial; Inspección Industrial; Industrias nuevas e invenciones; Pesas y Medidas; y Aeronáutica civil); IV) Propiedad Industrial; y V) Institutos afectos –Escuelas de Aprendizaje, Escuelas Industriales, Escuelas de Ingenieros Industriales, Junta de Patronato de Ingenieros y Obreros pensionados en el extranjero, y Laboratorios de Investigación Industrial-. La Jefatura Superior de Industria entendería de los nombramientos de personal y de las relaciones con las Inspecciones Provinciales de las que se trata en el apartado siguiente.

La visibilidad en el organigrama de la cuestión de las enseñanzas industriales, manifiesta desde 1921 cuando las Escuelas de Ingenieros Industriales se consignaron en el presupuesto del Ministerio a cargo de industria –dependencia mantenida hasta 1932 que se vincularan al de Instrucción y Bellas Artes-, se vería reforzada en 1924 con un «Estatuto de la Enseñanza Industrial» –seguido luego de un «Estatuto de Formación Profesional» de 1928- que reconcebiría aquella desde su sometimiento pleno al criterio y tutela de la Jefatura Superior de Industria, muestra de la cual sería la asignación de cometidos estadísticos a las Escuelas de enseñanza industrial, cuyos alumnos colaborarían en la recogida de datos como trabajo de prácticas.

Cabe resaltar que en 1924 se dictaría también un relevante Real Decreto de 12 de abril de 1924 que hacía extensible al agua y al gas la naturaleza de servicio público, que ya en 1920 se reconociera para el suministro de electricidad, reforzando por tanto los aspectos de su control administrativo (homologación y comprobación de contadores, calidad de suministro, supervisión tarifaria, …) propios de los servicios de verificación que llevaban a cabo los Ingenieros Industriales.

LOS SERVICIOS PERIFÉRICOS: LAS JEFATURAS PROVINCIALES DE INSPECCIÓN INDUSTRIAL

Por Orden de 25 de enero de 1924 que apelaba a la necesidad de creación y refuerzo de un nexo armónico entre poder público y producción basado en la mutua confianza, y con el objeto de intensificar las labores de estadística e inspección insuficientemente cubiertas por los servicios centrales, se crearían los «Servicios Provinciales de Inspección Industrial». Actuando como oficinas provinciales del Ministerio de Trabajo, Comercio e Industria, adscritas al Negociado de Inspección industrial de su Subdirección de Industria, y como Negociados de Industria de los Gobiernos Civiles, entenderían de los asuntos relacionados con las industrias mecánicas, químicas y eléctricas organizándose en cuatro servicios (inspección de fábricas y talleres y timbrado de calderas; verificación de contadores de líquidos y gases; verificación de contadores eléctricos; y contrastación de metales preciosos) a las que luego -por el citado Real Decreto de 9 de junio de 1924- se unirían dos más (pesas y medidas –últimos eslabones de la cadena de trazabilidad metrológica, dependiente originariamente del Ministerio de Fomento y, desde 1900, del de Instrucción Pública y Bellas Artes, al que quedaría adscrito un Instituto Geográfico Nacional con cometidos en materia de metrología de precisión, inspección técnica y patrones internacionales-; e inspección de automóviles -dependiente hasta entonces directamente de los Gobernadores Civiles-). A la Oficina de Inspección Provincial de Madrid se adscribirían también los Ingenieros Industriales de la Subdirección de Industria que, a diferencia de sus compañeros adscritos a los servicios, recibían retribuciones fijas con cargo a los presupuestos del Ministerio.

Fuente: Boletín Oficial de la Provincia de Madrid de 5 de Mayo de 1925

El personal seguiría perteneciendo a cinco plantillas independientes (Fieles Contrastes de Pesas y Medidas; Verificadores de Contadores de Electricidad; Verificadores de Contadores de líquidos y gases; Ingenieros-Inspectores de automóviles y verificadores de taxímetros; y Fieles Contrastes de Metales Preciosos) con sus propias oficinas autónomas, pero se establecían elementos de cohesión tales como una jefatura a cargo del más antiguo –desde la terminación de los estudios- de los Ingenieros Industriales, una Junta Técnica de Ingenieros Industriales a modo de cuerpo consultivo, o sendos esquemas para el reparto de honorarios por inspección de fábricas y talleres y timbrado de calderas (20% para el Ingeniero Jefe y el 80% para el Ingeniero que realizara el servicio) y el soporte de sus gastos (en proporción a los ingresos). Las oficinas de verificación de contadores y contrastación de metales mantendrían su autonomía financiera. El citado servicio de inspección de fábricas y talleres y timbrado de calderas (consistente en una prueba de prensado hidrostático para la determinación manométrica de la presión de seguridad y etiquetado de la presión máxima de trabajo -presión de timbre-) sería prestado indistintamente por Ingenieros de cualquiera de las plantillas, que se repartirían equitativamente la carga de trabajo.

Indicar que en esta Orden de 15 enero de 1924 también se requeriría a las industrias nuevas y existentes, y a efectos de la obligatoria inscripción –condición sine qua non para la obtención de la autorización de funcionamiento-, información estadística -relativa a la clase de industria, obreros y máquinas y aparatos- para su remisión al Negociado de Estadística Industrial del Ministerio y, en su caso –instalaciones eléctricas de alta tensión, calderas o recipientes a presión, materias combustibles, insalubres o peligrosas, o potencia superior a 50 caballos-, declaración responsable -firmada por Ingeniero Industrial titulado, o Perito Industrial para instalaciones inferiores a cierto umbral de potencia, tensión y número de obreros-, cuya omisión daría lugar a las correspondientes actuaciones de inspección.

En cuanto a la estructuración de los servicios periféricos, sería particularmente relevante el Real Decreto 22 de noviembre de 1924 organizando las «Inspecciones Provinciales de Industria». En aquellas provincias en que las que un servicio no rindiera el ingreso líquido (ingresos netos de gastos) anual mínimo de 6.000 pesetas se procedería a su acumulación con otros; por el contrario, en aquellas en las que rindiera por encima del máximo de 20.000 pesetas se procedería a su división, prohibiéndose la adscripción de un ingeniero a varios servicios. Se buscaba así garantizar unas retribuciones dignas y uniformes y, como contrapartida, complementar los servicios prestados con trabajos en materia de inspección y estadística, verdadero talón de Aquiles para la incardinación de una política industrial como tal.

Se establecieron asimismo requisitos de residencia e incompatibilidades, así como una oficina única por localidad para cada servicio, y la obligación de nombramiento de un Ayudante facultativo-Perito Industrial, al que le correspondería un tercio de la diferencia entre los ingresos y gastos del servicio. Se perseguía asegurar así la competencia de los Ayudantes oficiales garantizando al mismo tiempo una remuneración decorosa, pues hasta entonces su recurso era potestativo y a expensas de los Ingenieros del servicio de Inspección Industrial, requiriéndose únicamente el título de Perito Industrial –mecánico, químico o eléctrico- y aprobación de su nombramiento por la Subsecretaría del Ministerio en el solo caso de que el Ayudante actuase oficialmente en nombre de su Jefe.

Relevantemente en cuanto a selección de personal para los servicios, se establecía un mecanismo para la cobertura de vacantes por concurso centralizado en el Ministerio, priorizando la antigüedad en el servicio y, para nuevas incorporaciones de ingreso libre, la titulación de Ingenieros Industrial. La categoría administrativa sería la de Jefe de Negociado de Tercera Clase.

En lo simbólico, pero como una señal más de la potenciación de la figura del Ingeniero Industrial al servicio del Estado, por Real Orden de 14 de julio de 1924 se extendería a los dependientes del Ministerio de Trabajo, Comercio e Industria el uso del uniforme de servicio ordinario de los Cuerpos de Ingenieros civiles del Estado dependientes del Ministerio de Fomento.

Uniforme de Diario, para actos de servicio ordinario. Versión unificada para todos los Cuerpos de Ingenieros civiles del Estado (1924)

Fuente: «Uniformes y emblemas de la Ingeniería civil española». Manuel Silva Suárez. Institución Fernando el Católico (1999)

LA FIGURA DE JUAN FLÓREZ POSADA Y OTROS INGENIEROS INDUSTRIALES

El insigne Ingeniero Industrial Juan Flórez Posada (Catedrático de Teoría de Máquinas y Director de la Escuela de Madrid de 1907 a 1913) serviría en el Ministerio desde su incorporación en 1917 como asesor –responsable intermedio entre el Director General y los Jefes de Negociado- al frente de la Sección de Industria, y luego como Subdirector General/Jefe Superior de Industria hasta 1929, llegando a ostentar efímeramente la cartera como Ministro en funciones -Subsecretario de Trabajo, Comercio e Industria encargado del despacho- entre diciembre de 1923 y febrero de 1924 cuando sería sustituido por Eduardo Aunós. También dirigiría el «Negociado de Asesoría Industrial» del Ministerio de Abastecimiento durante el periodo 1918-1929 en que existió tal departamento.

Gran impulsor de la Asociación Nacional de Ingenieros Industriales, sería artífice de la creación en 1911 del Cuerpo de Ingenieros Industriales –el conflicto que en 1912 provocara el rechazo de otros Cuerpos de Ingenieros y su decidida defensa le costaría su cese como Director de la Escuela-, de la organización de los servicios industriales centrales y provinciales de 1924, y de su reglamento de 1928 –dictado siendo Aunós Ministro de Trabajo, Comercio e Industria del Directorio Civil de Primo de Rivera-. A raíz del posicionamiento de los Ingenieros Industriales en el “conflicto artillero” de 1929 presentaría su dimisión como Subdirector de Industria y su renuncia a la Cátedra, sufriendo un apercibimiento que no se levantaría hasta 1931, ya con la República, cuando retomaría su actividad docente hasta su prematura muerte por accidente de tráfico en 1933.

Juan Flórez Posada

En enero de 1924 Flórez Posada designaría al frente de la Sección de Ingenieros de la Subdirección de Industria al eminente Ingeniero Industrial y curioso personaje Vicente Burgaleta y Pérez de Laborda (que junto con él se incorporara al Ministerio allá por 1917 ocupando la jefatura del Negociado de Inspección industrial desde 1922), así como a los Ingenieros Industriales Pedro Calvo y Pablo, Antonio Grancha Baixauli y Enrique Mellado Lafuente como Jefes de los distintos negociados de la Sección de Ingenieros –inspección, nuevas industrias y estadística, respectivamente-. Al frente de la Secretaría Técnica nombraría al Ingeniero Industrial Juan Pasqual del Pobil y Ametller, que durante la época de Flórez al frente del Ministerio ocupó interinamente el cargo de Subdirector de Industria. Todos ellos, con la salvedad de Burgaleta -separado del servicio en 1926-, constarían en el primer escalafón del Cuerpo de Ingenieros Industriales confeccionado a raíz de su reglamentación en 1928.

Autor: Antonio Moreno-Torres Gálvez

Ingeniero Industrial del Estado (Promoción 2003)

Nota: Este texto es un extracto modificado del artículo “Génesis y evolución reglamentaria del Cuerpo de Ingenieros Industriales del Estado” incluido en el libro “El Cuerpo de Ingenieros Industriales del Estado. Historia, Actuaciones y Testimonios”, publicado en 2018 por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo y disponible para su libre descarga en https://www.mintur.gob.es/es-es/publicaciones/Paginas/DetallePublicaciones.aspx?cod=INDUS443

La nueva política industrial europea

El panorama económico mundial dominante durante el primer quinto del siglo XXI ha sido caricaturizado con el dicho “Estados Unidos innova, China [copia y] fabrica y Europa regula”. Al respecto, y en lo que a Europa se refiere, hay incluso quienes han venido defendiendo la tesis de una poderosa influencia de la UE ejercida a través de su actividad regulatoria, que es exportada a otras áreas y países por aquellas empresas globales entrenadas por la práctica en la conformidad con los estándares europeos, entendidos en sentido amplio (Bradford, 2020; «The Brussels Effect: how the European Union rules the world»). Pero la realidad muestra más bien una Europa industrial atrapada entre el hardware chino y el software americano.

En una nueva etapa, y con la vista puesta en el horizonte 2050, el sistema productivo europeo ha adoptado la descarbonización de su economía como última misión -en nomenclatura Mazzucato-. Consciente de que, sin tierras raras, ni chips, ni analítica de datos masivos -por citar algunos recursos y capacidades clave para las transiciones ecológica y digital- el logro de aquella es una quimera, la UE se embarcó en 2020 en el impulso a una “nueva” política industrial.

 

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Fuente: Comisión Europea

 

Servitización industrial, economía de plataformas, servicios digitales, circularidad, descarbonización, cadenas de valor globales, relocalización o escalabilidad, son conceptos o paradigmas contemplados en una «Nueva Estrategia Industrial Europea» que, una vez más, tiene por base el mercado interior y las políticas complementarias -defensa de la competencia, ayudas de estado, comercio exterior y, en este caso particular, innovación- como modelo de clima de negocio y cemento último de una acción comunitaria especialmente sensible a la problemática de las PYMEs.

Con la autonomía estratégica y la resiliencia del mercado interior como ingredientes añadidos a resultas de las lecciones aprendidas de la pandemia del COVID-19, la Comisión Europea ha presentado en mayo de 2021 una actualización de su propuesta original de marzo de 2020 para una política industrial europea. Revisión que, reforzando la doble transición como apuesta del liderazgo competitivo en el medio y largo plazo, pone un mayor énfasis en la soberanía tecno-industrial. Desde el punto de vista metodológico, la estrategia se ha visto positivamente reforzada con un mayor soporte analítico –análisis de ecosistemas y estudio de dependencias estratégicas- y, relevantemente, la definición de un cuadro de mando de indicadores.

En el corto plazo, los fondos Next Generation UE, el marco financiero plurianual MFP 2021-2027 o el marco temporal de ayudas de Estado, forman parte de un tratamiento de choque para revitalizar la industria tras el impacto del COVID-19 que, en su gobernanza y orientación, señaliza la seriedad de la apuesta europea por la neutralidad climática. Recuérdese al respecto que los planes nacionales de recuperación han de dedicar al menos un 37% de su financiación a inversiones verdes y al menos un 20% a digitalización.

La estrategia contempla un mayor recurso a uno de los elementos más eficaces de una política industrial “pasiva”, cual es la normalización que, por otra parte, se está viendo inoportunamente acechada. Así, una mayoría de los Estados Miembros, y entre ellos España, viene defendiendo la validez del esquema general de Nuevo Enfoque, sobre el que el asunto James Elliott –referido al control jurídico/judicial sobre las normas técnicas armonizadas- ha arrojado ciertas sombras que amenazan con restarle agilidad y, sobre todo, funcionalidad como herramienta de fomento de la competitividad basada en la innovación, tan necesaria para la doble transición.

En la compleja maraña de iniciativas, actuaciones y planes de acción que conforman la nueva política industrial en su faceta más “activa”, habrá quienes identifiquen la enésima manifestación del furor intervencionista continental-europeo, objeto también de genial caricatura -popularizada por Reagan-: “si se mueve, ponle un impuesto; si se sigue moviendo, regúlalo; y si deja de moverse, subvenciónalo”. Impulso político, participación activa y coordinación entre Estados Miembros, colaboración público-privada, liderazgo activo del sector industrial, cooperación transfronteriza, transparencia, evaluación, rendición de cuentas y dinamismo; serán todos ellos aspectos a cuidar para que esta nueva estrategia sea una realidad exitosa en términos del liderazgo y las capacidades de adaptación y respuesta de la industria europea.

 

                                                                                                                  Autor: Antonio Moreno-Torres Gálvez

Ingeniero Industrial del Estado (Promoción 2003)

 

Nota: este texto es un extracto modificado del artículo que con el título “Actualización de la Nueva Estrategia Industrial Europea” se incluye en el número 420 de la revista Economía Industrial (www.economiaindustrial.es)

 

Artículos sobre el panorama energético y la industria ferroviaria en el número 419 de la revista Economía Industrial

En el último número de la revista Economía Industrial del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo (www.economiaindustrial.es), se incluyen sendas colaboraciones de nuestros compañeros Juan Ignacio del Castillo Campos (Promoción 2014), Consejero en la Delegación Permanente de España ante la OCDE, y Antonio Moreno-Torres Gálvez (2003), Redactor-Jefe de Economía Industrial.

 

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(Fuente de la imagen: https://www.iea.org/ )

El primero de los artículos es una reseña sobre el World Energy Outlook-WEO 2020, buque insignia de las publicaciones de la Agencia Internacional de la Energía y referencia indiscutible de análisis del sector que, por las excepcionales circunstancias asociadas a la pandemia del COVID-19, ha recibido en esta última edición un enfoque especial que se describe en el artículo.

 

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(Fuente de la imagen: ETI Loc&Pas)

El segundo artículo, titulado “VISIÓN INDUSTRIAL DE LA INTEROPERABILIDAD FERROVIARIA”, trata sobre el denominado pilar técnico de la liberalización ferroviaria y el protagonismo que en el mismo juegan actores como fabricantes, mantenedores o los numerosos proveedores independientes de servicios industriales que intervienen en cuestión de interoperabilidad y seguridad ferroviaria.