Micro y nanoelectrónica: Aspectos básicos de una de las seis tecnologías habilitadoras clave desde un punto de vista técnico y económico

El número 409 de la revista Economía Industrial (www.economiaindustrial.es) incluye una nota sobre micro y nanoelectrónica (MNE), elaborada por nuestro compañero Juan Miguel Ibáñez de Aldecoa Quintana (Promoción 1993).

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En dicha nota se tratan los aspectos técnicos y económicos básicos de esta tecnología habilitadora clave, cubriendo su definición, las principales tendencias tecnológicas, la cadena de valor (tecnologías de diseño, arquitecturas, equipamiento y materiales) de los sistemas y aplicaciones en ella basados, y sus aplicaciones.

El texto completo está disponible para su descarga en el siguiente enlace: MICRO Y NANOELECTRÓNICA: ASPECTOS BÁSICOS DE UNA DE LAS SEIS TECNOLOGÍAS HABILITADORAS CLAVE DESDE UN PUNTO DE VISTA TÉCNICO Y ECONÓMICO.

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La metrología en España

El número 407 de la revista Economía Industrial incluye un artículo sobre la metrología en España, en el que ha participado nuestra compañera María Peñahora.

Como se puede leer en su introducción, la metrología es, junto con la acreditación y la normalización/certificación, uno de los tres pilares sobre los que se asienta en nuestro país el sistema de calidad y competitividad industrial. De esta forma, en el texto se describe el papel de la metrología y la organización de su gobernanza en España, poniendo el foco en la importante labor realizada por el Centro Español de Metrología.

Cabe resaltar que la metrología es una ciencia vital para la interconexión de todas las capas de la sociedad, en las cuales se realizan diariamente multitud de mediciones de diversa índole, con distinta trascendencia para los ciudadanos. Metrología científica, legal e industrial constituyen una infraestructura que permite garantizar la validez de todas las mediciones realizadas en España, así como la compatibilidad de éstas con las realizadas fuera de nuestras fronteras, aspecto básico para el reconocimiento internacional de nuestros intercambios comerciales y de nuestras contribuciones científico-técnicas.

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De conformidad con lo establecido en el artículo 8 de la Ley 32/2014, de 22 de diciembre, de Metrología, (desarrollada por el RD 244/2016) los materiales de referencia y los instrumentos, aparatos, medios, sistemas de medida y programas informáticos, que sirvan para medir o contar y que sean utilizados en aplicaciones de medida por razones de interés público, salud y seguridad pública, orden público, protección del medio ambiente, protección de los consumidores y usuarios, recaudación de impuestos y tasas, cálculo de aranceles, cánones, sanciones administrativas, realización de peritajes judiciales, establecimiento de las garantías básicas para un comercio leal y todas aquellas que puedan determinarse con carácter reglamentario, estarán sometidos al control metrológico del Estado, cuando esté establecido, o se establezca, por regulación específica.

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En el artículo, además del control metrológico del Estado, se trata también la evolución del sistema legal de unidades de medida y la organización de la Metrología en España.

El texto completo está disponible para su lectura a través del siguiente enlace: La metrología en España.

 

 

Los ingenieros industriales y la aeronáutica civil

En las dimensiones formativa y administrativa de la aeronáutica en España, cabe reconocer un papel pionero de los Ingenieros Industriales, al igual que en otros campos como el naval o el de las telecomunicaciones.

Así, y en ausencia de estudios específicos de Ingeniería Aeronáutica, el Plan de Estudios de 1926 de la carrera de Ingeniero Industrial contemplaba una asignatura optativa sobre Aviones, al igual que otras sobre Arquitectura Naval y Telegrafía, Telefonía y Comunicaciones.

Luis Montesino Espartero. Ingenieros Industriales pioneros de la aviación española. Fuente: «Cuadernos de Historia Aeronáutica»
Luis Montesino Espartero. Ingenieros Industriales pioneros de la aviación española.

Años antes, en 1913 y para la formación de pilotos, se había establecido en el aeródromo de Getafe la «Escuela Nacional de Aviación» (ENA), en dependencia del Negociado de Industria del Ministerio de Fomento y con una plantilla de cinco profesores, todos ellos Ingenieros Industriales. Su primer director sería el Ingeniero Industrial Luis Montesino Espartero, Marqués de Morella, hijo del primer Ingeniero Industrial español, el insigne Cipriano Segundo Montesino. Los restantes cuatro profesores habían obtenido su título de Piloto-Aviador de la Escuela de París como pensionados por concurso celebrado en 1911 entre Ingenieros Industriales, a convocatoria del citado Ministerio.

De estos pioneros de la aviación española, Julio Adaro Terradillos, Antonio Grancha Baixauli –desde 1920 Ingeniero por concurso de la Subdirección de Industria, de la que luego en 1930 sería responsable- y Mariano de las Peñas Mesqui –a la sazón Verificador de Contadores de Electricidad y luego, desde 1940 y hasta su jubilación en 1958, Jefe de la Delegación de Industria de Barcelona- fueron miembros del Cuerpo de Ingenieros Industriales -los dos primeros depurados tras la Guerra Civil por sus responsabilidades en el arma aérea del bando republicano para la que fueron movilizados-.

Los Ingenieros Industriales Manuel Menéndez Valdés, Antonio Grancha Baixauli, Mariano de las Peñas Mesqui y Julio Adaro Terradillos durante su formación aeronáutica en Francia como pensionados del Ministerio de Fomento. Ingenieros Industriales pioneros de la aviación española. Fuente: «Cuadernos de Historia Aeronáutica»
Los Ingenieros Industriales Manuel Menéndez Valdés, Antonio Grancha Baixauli, Mariano de las Peñas Mesqui y Julio Adaro Terradillos durante su formación aeronáutica en Francia como pensionados del Ministerio de Fomento. Ingenieros Industriales pioneros de la aviación española. Fuente: «Cuadernos de Historia Aeronáutica»

También lo sería Montesino, protagonista de una circunstancia verdaderamente anecdótica. Habiendo sido declarado cesante forzoso por supresión de servicios -al haberse adscrito la ENA al Ministerio de la Guerra en 1917–, en 1936 y con 68 años ejercería su derecho a ocupación de vacante en su categoría en el escalafón del Cuerpo, para jubilarse dos años después al cumplir los 70 años reglamentarios. Posteriormente, en 1944 y con 76 años, sería readmitido al servicio activo para un periodo de ocho años hasta jubilarse -por segunda y definitiva vez- en 1952 y con 84 años –lo que no es precisamente lo que se entiende como “vivir como un marqués”-, en un reenganche al amparo del artículo 88 del reglamento de funcionarios de 7 de septiembre de 1918, que permitía continuar en el desempeño del cargo por encima de la edad reglamentaria de jubilación a aquellos con más de diez y menos de vente años de servicio que, previa instrucción anual de expediente de capacidad, acreditasen aptitud física y mental.

La conformación de una administración aeronáutica, con los citados de las Peñas y Grancha como máximos exponentes, se dio en sus orígenes en el seno de la industrial, hasta su escisión de esta en 1928 –cuando se creó también la «Escuela Superior Aerotécnica», luego ETSIA-: en 1919 como «Negociado de Aeroestación y Aviación civiles» de la Sección de Industria; en 1924 como «Servicio de Aeronáutica Civil» de la Sección de Ingenieros de la Jefatura Superior de Industria; y desde 1926 como sección de esta. Excepción sería el periodo 1922 a 1924 durante el cual existiría un «Servicio de Comunicaciones Aéreas» (Aeronáutica y Aviación) en la «Subdirección de Comunicaciones Marítimas y Aéreas» de una Dirección General de Minas, Metalurgia e Industrias Navales. Indicar que, entre 1913 y 1922, también estuvo bajo el paraguas de Industria el «Centro de Ensayos de Aeronáutica» creado en 1904 bajo el mando del insigne Leonardo Torres Quevedo.

Los Ingenieros-Inspectores de Automóviles de las Oficinas de Inspección Industrial en provincias, una de las plantillas que se integrara en el Cuerpo de Ingenieros Industriales, asumieron por Decreto de 1925 los reconocimientos técnicos de material “volante” y los exámenes a personal “navegante”. Según su reglamento orgánico de 1931, una de las funciones del Cuerpo de Ingenieros Industriales era la inspección de toda clase de material móvil para transporte de viajeros y mercancías por vía terrestre, fluvial, marítima y aérea, y el examen y expedición de certificados de aptitud para todo el personal que hubiera de conducir los vehículos de transporte. Entre los servicios generales encomendados a las Jefaturas Provinciales de Industria, se incluyó el de informe e inspección por delegación de la Dirección General de Transportes Aéreos de los campos de aviación de las provincias (excepto Madrid) y del cumplimiento de las condiciones de concesión.

Desde la finalización de la Guerra Civil, las cuestiones de aviación civil quedarían adscritas al nuevo Ministerio del Aire, en los que permanecerían hasta su supresión con la llegada de la democracia y su readscripción a un nuevo Ministerio de Transportes y Comunicaciones. Es entonces, en 1979, cuando se constituye un «Cuerpo de Ingenieros Aeronáuticos» -el más moderno pues de entre todos los de Ingenieros civiles al servicio del Estado-, que se dotaría inicialmente con Ingenieros Aeronáuticos del Ejército del Aire a los que se les dio la opción de integrarse en el mismo.

Autor: Antonio Moreno-Torres Gálvez.
Ingeniero Industrial del Estado (Promoción 2003).

 

Digitalización, energía y Panorama energético mundial

406En el número de Economía Industrial correspondiente al cuarto trimestre de 2017, monográfico sobre Prospectiva y Vigilancia Tecnológica e Inteligencia Competitiva, se incluyen sendas colaboraciones de nuestros compañeros Alfonso de las Heras Gozalo (Promoción 1982) y Juan Ignacio del Castillo Campos (Promoción 2014), a la sazón anterior y actual Consejero Industrial, Energético y Digital de la Embajada de España ante la OCDE.

Tituladas respectivamente Digitalización y Energía” yPanorama Energético Mundial”, en ellas se da cuenta de los últimos estudios de la Agencia Internacional de la Energía sobre estas cuestiones.

  

   

Los ingenieros industriales y la administración de telecomunicaciones

Nuestro compañero José Antonio Quintela Gonçalves (Promoción 1985), que como Director de la Oficina Nacional de Transición a la Televisión Digital Terrestre (TDT) lideró con éxito el complejo proceso del “apagón” analógico en España, ha recibido el reconocimiento del Colegio de Ingenieros de Telecomunicación con el otorgamiento de su Medalla de Colegiado de Honor.

No es el primero de los Ingenieros Industriales que, desde el ámbito de lo público, destaca en el campo de las telecomunicaciones. El primero de ellos fue sin duda Ramón de Manjarrés Borraful, histórico Director de las Escuelas de Sevilla -de 1863 hasta su cierre en 1866- y Barcelona –de 1868 a 1891-, y uno de los pioneros de la telefonía en España.

Años antes, el Plan Orgánico de las Escuelas Industriales de 1855 ya enumeraba las líneas telegráficas entre las aplicaciones para las cuales los Ingenieros Industriales demostraban idoneidad y aptitud para su empleo por parte del Gobierno. Por Real Decreto de 2 de abril de 1856 se crearía un «Cuerpo de Telégrafos», compuesto inicialmente con Ingenieros militares y civiles de Caminos, Industriales y Minas ya adscritos como personal técnico-facultativo –vs operativo- al anterior servicio de telegrafía óptica. Y el Reglamento Orgánico del Cuerpo y Servicio de Telégrafos de 1866 contemplaría una cuota de un tercio de las vacantes a cubrir por Ingenieros Industriales. Pese a ello, en 1869 se explicitaría una preferencia por titulados de la Academia Especial creada en 1865 sobre la base de la Escuela de Aplicación de Telégrafos fundada en 1852, antecedentes directos de la Escuela General de Telegrafía establecida en 1913 que luego con el tiempo, y una vez creado el título de Ingeniero de Telecomunicaciones en 1920, devendría en la ETSIT.

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Equipo de telegrafía morse.
Fuente: Museo Postal y Telegráfico

En los concursos para Verificadores de Contadores de Electricidad –uno de los servicios que darían lugar al Cuerpo de Ingenieros Industriales- se admitiría a los funcionarios del Cuerpo de Telégrafos. Y en la organización de las Inspecciones Provinciales de Industria de 1924, que diera prioridad en la provisión de sus plantillas a los Ingenieros Industriales, se consideraba también a los Oficiales de Telégrafos, aunque como opción de último recurso. En dicho año el Ingeniero Industrial Luis Maura Nadal –luego del Cuerpo de Ingenieros Industriales- ya servía en la Dirección General de Comunicaciones como Ingeniero Mecánico. También en 1924 se designaría representante del Ministerio de Fomento en la recién creada «Junta Técnica e Inspectora de Radiocomunicación» a Mariano de las Peñas Mesqui y después en 1927 a Antonio Grancha Baixauli, que siendo este miembro del ya organizado Cuerpo de Ingenieros Industriales asistiría como delegado español a la Segunda Exposición Internacional de Telegrafía Sin Hilos-TSH (denominación original de la radio) organizada en París en 1932 por la Unión Telegráfica Internacional.

Reguladas las atribuciones de los Ingenieros de Telecomunicaciones en 1931 por Real Decreto a propuesta del Ministerio de la Gobernación –del que desde sus orígenes dependerían los servicios de comunicaciones, durante la República y luego ya en la democracia concentrados en un Ministerio específico-, estos las sentirían usurpadas por una Orden de 1934 y el Decreto de 1935 en los que, a propuesta del de Instrucción Pública y Bellas Artes, se otorgaba a los Industriales competencia en la materia.

Desde 1940 existiría un «Cuerpo de Ingenieros de Telecomunicación», formado inicialmente con los que venían sirviendo en el Cuerpo de Telégrafos, que en 1979 –y a raíz de la Ley 75/1978 que unificaran cuerpos de telégrafos y postales- se suprimiría, integrándose sus efectivos en los nuevos «Cuerpo Superior Postal y de Telecomunicación» -hoy en el ámbito de la Sociedad Estatal Correos y Telégrafos S.A.- y «Cuerpo de Técnicos Superiores». Los Ingenieros de Telecomunicación funcionarios de este último Cuerpo, junto con otros contratados laborales, pudieron integrarse por la Ley 41/1979 en un renacido Cuerpo de Ingenieros de Telecomunicación vinculado al nuevo Ministerio de Transportes y Comunicaciones.

Por otra parte, desde 1952 existía en el Ministerio de Información y Turismo un «Cuerpo de Ingenieros Superiores de Radiodifusión y Televisión» formado también por Ingenieros de Telecomunicación. Lo que no fue óbice para que en 1958 nuestro compañero Daniel Suárez Candeira fuera nombrado Subdirector General de Radiodifusión y Televisión.

Los funcionarios de ambos cuerpos –Ingenieros de Telecomunicación e Ingenieros de Radiodifusión y Televisión- tendrían acceso prioritario al «Cuerpo Superior de Sistemas y Tecnologías de la Información de la Administración del Estado»-TIC en su creación en 1990, y es en este en el que actualmente ingresan la mayoría de Ingenieros de Telecomunicaciones al servicio de la Administración General del Estado, puesto que los Cuerpos de Ingenieros de Telecomunicación, de Técnicos Superiores, y de Ingenieros Superiores de Radiodifusión y Televisión, fueron declarados a extinguir por la Ley 62/2003 de Medidas. El Cuerpo TIC cuenta también con no pocos Ingenieros Industriales en sus filas.

Las telecomunicaciones, junto con el transporte y la energía, constituyen una tríada de servicios de base eminentemente industrial en la que el concurso de los Ingenieros Industriales, tanto desde el sector privado como desde el público, es fundamental.

Autor: Antonio Moreno-Torres Gálvez.
Ingeniero Industrial del Estado (Promoción 2003)

 

 

 

Los Ingenieros Industriales en las inspecciones de buques y pesca

Aunque hoy pueda resultar ajeno, el marítimo ha sido un campo de actividad administrativa en el que los Ingenieros Industriales tuvieron en su momento un papel relevante. Así, la inspección de buques que hoy constituye el core business del Cuerpo de Ingenieros Navales fue inicialmente ejercida por Ingenieros Industriales. También la administración pesquera contó en sus orígenes con Ingenieros Industriales entre sus efectivos.

En 1885, y “en vista de la imprescindible necesidad de contar en los puertos con el personal idóneo que inspeccione las construcciones y reparaciones de los buques de hierro, máquinas y calderas, justiprecie las averías por choques o colisiones e informe en cuanto a dicha clase de buques se refiere, con arreglo a lo dispuesto en la Ordenanza de Matrículas y Código de Comercio”, se crearían las plazas de «Perito Mecánico de los Puertos», a cubrir por Ingenieros y Peritos Mecánicos e Industriales, Jefes y Contramaestres de máquinas y fundición, y Maquinistas con título y cinco años de práctica. En 1886 sería nombrado Perito Mecánico del Puerto de Barcelona el Ingeniero Industrial Juan A. Molinas Soler, autor de numerosas publicaciones técnicas, entre ellas la muy reconocida «El Maquinista Naval».

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Algunas de las figuras y diagramas incluidos en «El Maquinista Naval» del Ingeniero Industrial Juan A. Molinas Soler.
Fuente: Biblioteca Digital Hispánica de la Biblioteca Nacional de España

En 1909 se crearía la figura del «Perito Inspector de Buques», en principio desempeñada por los anteriores Peritos Mecánicos de los Puertos, unificando las funciones de estos con las de los Peritos Arqueadores –encargados del arqueo de embarcaciones- y los Maestros de Bahía –encargados del trazado de la línea de máxima carga-. Dada la escasez de Ingenieros Navales civiles, en sus reglas de provisión aprobadas en 1911 se recurría a una gran variedad de profesionales, entre ellos Ingenieros Industriales y Peritos Mecánicos con tres años de experiencia, a los que desde 1915 se les darían facilidades para la obtención de aquel título como alumnos libres de la Academia de Ingenieros y Maquinistas de la Armada del Arsenal de El Ferrol. En 1918 se restringiría a Ingenieros Navales –por entonces la práctica totalidad militares de la Armada- los concursos para «Perito Inspector Naval». El «Cuerpo de Ingenieros Navales» civil no se crearía hasta 1962.

En la organización de 1932 de la recién creada Subsecretaría de Marina Civil, además de contarse con dos Ingenieros Industriales civiles para su Inspección General de Buques y Construcción Naval, se contemplaría la dotación de cada Delegación regional de Pesca con un Ingeniero Industrial civil -o título equivalente- en posesión de certificado oficial de estudios de pesca del Instituto Español de Oceanografía –según los requisitos establecidos en los concursos que se convocaran en 1932 y 1934- que, con el apoyo de un asesor jurídico y un biólogo, ejercería cometidos en relación con “la inspección de las industrias de la pesca y de todas las derivadas del mar, cualquiera que sea la forma en que se efectúen; […] inspección y reconocimiento de artes y equipos de pesca, tanto en tierra como a bordo de los buques dedicados a esta industria; […] estadística de las embarcaciones, artes e industrias de pesca, tanto a flote como en tierra, fábricas y demás establecimientos industriales en que se preparen o transformen los productos de pesca; […] Escuelas de Pesca de carácter oficial, preparación de conferencias circulantes de divulgación y vulgarización científica en relación con las industrias pesqueras y preparación para Congresos nacionales e internacionales de pesca”.

Autor: Antonio Moreno-Torres Gálvez.
Ingeniero Industrial del Estado (Promoción 2003).

Este post es un extracto modificado del artículo “El Cuerpo de Ingenieros Navales”, publicado originalmente por el autor en el número de octubre de 2017 de la Revista General de Marina, y disponible aquí.

La Malva cumple 100 años

La Central Hidráulica de La Malva, situada en el Parque Natural  de Somiedo (Principado de Asturias), fue la primera gran instalación generadora de electricidad de Asturias y marcó el desarrollo industrial y social de la región.

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A comienzos del siglo XX la generación de energía eléctrica a partir de un salto de agua fue el objetivo de emprendedores como el ingeniero industrial José Tartiere y Policarpo Herrero. En 1907, con la colaboración del también ingeniero Narciso Hernández Vaquero, idearon un proyecto para el aprovechamiento de los ríos y lagos de Somiedo, en la actualidad Parque Natural y Reserva de la Biosfera.

El 15 de marzo de 1913 fue constituida la Sociedad Civil Privada de “Saltos de Agua de Somiedo”, con la finalidad del aprovechamiento hidráulico. La construcción de la central de La Malva en Pola de Somiedo así como los más de 20 kilómetros de canales para llevar el agua a las turbinas de la planta se prolongó hasta 1915, aunque su producción no comenzó hasta el 9 de septiembre 1917, hace ahora un siglo. En 1919 se constituye la Sociedad “Hidroeléctrica del Cantábrico – Saltos de Agua de Somiedo”, germen de Hidroeléctrica del Cantábrico, y  un año más tarde comienza la ampliación de la central con obras en los lagos de Somiedo, canal de Arroyo de la Braña y canal del río Saliencia.

Para conmemorar el centenario de su puesta en servicio, hoy S.M. el Rey Don Felipe VI  ha visitado sus instalaciones acompañado del presidente del Principado de Asturias, Javier Fernández, del ministro de Energía, Álvaro Nadal, y de Antonio Mexia, presidente de la energética portuguesa EDP, propietaria actual de la central.

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La Malva fue un proyecto titánico para la época que incluyó la construcción de 17 kilómetros de túneles y 570 metros de saltos en una escarpada zona situada a 1.500 metros sobre el nivel del mar.  Además, se instalaron los primeros 73 kilómetros de redes de alta tensión para poder suministrar energía eléctrica a Oviedo y Gijón. Su construcción fue vital para para el desarrollo económico y social de la región. En un tiempo donde los caballos constituían el mejor medio de transporte dado la complicada orografía del Valle de Somiedo, La Malva supuso la construcción de una red de carreteras asfaltadas para comunicarla con los núcleos de población próximos.

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La sofisticada programación de los actuales sistemas de automatización para detectar anomalías y dejar pasar el excedente de agua se basaba entonces en el instinto, experiencia y buen hacer del jefe de la central que en mitad de la tormenta iba en bicicleta a abrir las compuertas a cualquier hora del día o la noche. Hasta finales de los ochenta, las centrales hidroeléctricas de potencias similares a La Malva disponían de personal in situ trabajando a turnos 24 horas al día, taller autosuficiente ante cualquier posible avería o emergencia y vivienda dado que el jefe de la central tenía la obligación de residir en sus inmediaciones. Sin duda unas condiciones de trabajo muy diferentes a las actuales en la que no existe personal en planta. Cuando el sistema de monitorización ubicado en Oviedo detecta una incidencia avisa vía móvil al responsable de cada agrupación de mini-centrales hidráulicas (en este caso Narcea-Miranda) enviándole datos a tiempo real.

La esencia de la ingeniería mecánica eléctrica ha sido brillantemente desempeñada en centrales eléctricas como La Malva por equipos humanos polivalentes. La figura de su máximo responsable, el jefe de central, con categoría profesional de “Perito Industrial” (equivalente a Ingeniero Técnico Industrial) no resulta fácil de entender en el actual sistema de educación superior marcado por la especialización con múltiples titulaciones ligadas a la ingeniería industrial: (1) Grado en Ingeniería Eléctrica, (2) Grado en Ingeniería Mecánica, (3) Grado en Ingeniería de la Energía, (4) Grado en Ingeniería Electrónica Industrial y Automática, (5) Grado en Ingeniería de Tecnologías Industriales, (6) Grado en Ingeniería de Organización, (7) Grado en Ingeniería en Diseño Industrial y Desarrollo de Producto, etc.

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Datos generales y técnicos de la Central de La Malva:

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Datos de la Central de La Malva. 
Fuente: EDP. (Ver más información aquí).

Autor: Mª Luz Peláez. Ingeniera Industrial del Estado (Promoción 2008).